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El Dakar a través de una Kodak Zx1

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El Dakar, una enfermedad que no tiene cura

Una sensación de escalofrío en todo el cuerpo, pulsación elevada y un leve sudor. Síntoma de una enfermedad que puede durar unas dos semanas. ¿Cómo se llama? Le dicen “Fiebre del Dakar” y hasta ahora no se le conoce una cura. Otra de sus particularidades es que es extremadamente contagiosa, por algo más de 500.000 personas se movilizaron esta tarde para estar cerca de la carrera más exigente del mundo.

El centro de esta epidemia fue la provincia de Buenos Aires. Hace como quince días atacó el puerto de Zárate, donde desembarcaron el 80 por ciento de los competidores de esta edición 2009; luego se trasladó a Tigre, lugar en que se agruparon todos los equipos, y pasó unos días por Palermo con la “Villa Dakar” de La Rural.

Pero fue en el Obelisco donde se pudo ver a miles de personas afectadas por esta fiebre, que paralizó a la city porteña. Sí, porque la rampa de largada instalada frente al mítico monumento obligó a cortar varias calles algo que afectó el ya caótico tránsito porteño.

La ceremonia comenzó a las 17.00 con el desfile de los competidores. Primero pasaron de a dos, hasta que llegó el turno de los “top drivers”, que lo hicieron de a uno. El primero de este selecto grupo fue el mendocino Orly Terranova, quien recibió el afectuoso aplauso del numeroso público que presenció la ceremonia de largada (como sucedió con el resto de los pilotos argentinos que correrán en la carrera). Obviamente, el cuyano dejó clara su intención de “conseguir un buen resultado y representar de la mejor manera al país”.

Después fue el turno de los otros protagonistas. Los más ovacionados fueron el estadounidense Robby Gordon, que se ganó los aplausos cuando salió sacó a su Hummer H3 de la plataforma a fondo, el español Carlos Sainz, viejo conocido por sus participaciones en el Rally de la Argentina y el francés Stephane Peterhansel, leyenda viviente de esta carrera que ya ganó varias veces en motos y en autos.

A medida que la noche iba llegando, y más se notaba el histórico símbolo del Dakar que se hacía con un láser sobre el Obelisco, el público fue despejando la Avenida 9 de Julio satisfecha con el impresionante show.

Es verdad, por unas horas Buenos Aires fue un caos. Pero la “fiebre del Dakar” es así: no mide consecuencias. Y ahora atacará varias otras provincias del país y hasta cruzará Los Andes para enfermar a Chile. ¿Hacerse tratar por un doctor? No, para qué…


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