Dakar 2010 en Twitter

El Dakar a través de una Kodak Zx1

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Ahora faltan días

Entramos en la recta final. Sólo quedan unos días para volver a estar con la familia. Creo que recién después del descanso en Valparaíso le empecé a tomar la mano a esta Aventura Dakar. Sin dudas, esa primera semana fue la más dura porque todo era nuevo.

Después de haber pagado el derecho de piso, todo parece más fácil. Cuando tengo que armar la carpa, lo hago mucho más rápido que al principio. Y al desmontarla, pasa lo mismo. Tampoco trato de luchar contra la tierra porque es inútil. Toda la ropa que tengo en mi mochila está llena de polvo y lo mismo pasa con la notebook –siempre envuelta en papel film- y las cámaras de video (que uso lo mínimo indispensable).

Me afeito usando como espejo algún vidrio polarizado de alguna de las camionetas de asistencia y si me da pachorra meterme a la carpa para cambiarme, lo hago afuera (ver a la gente caminando en ropa interior por el campamento es algo normal).

Además, cada día tiene una anécdota. El lunes llegamos al bivouac de Copiapó. Lo primero que hice fue preguntarle a alguien de ASO dónde podía acampar. A mi me pareció que el mejor lugar era al lado del restaurante, pero temí que me sacaran. “Andá a aquella esquina. Esa es la zona para la prensa”, me dijo el francés. Y ahí fui. Jamás pensé que ese sector estaba pegado al helipuerto. Sí, pasó lo que se imaginan...

Ni bien aterrizó el primer helicóptero comenzaron a volar las carpas. La mía, a la que le había puesto las estacas, se quedó quietita, pero adentro estaba llena de tierra. ¿Qué hice? Saqué los bolsos, traté de limpiarlos, retiré las estacas y me fui con mi carpa al hombro al lado del restaurante. Para otra vez sé que tengo que seguir mi instinto.

El lunes a la noche, la gente de la Secretaría de Turismo de Chile nos invitó a una carpa que tenía a unos 500 metros del bivouac para hacer una degustación de productos chilenos. Sin más que hacer, allí fuimos con un grupo de periodistas. Probamos algunas bebidas artesanales y nos fuimos. La caminata en la arena y a la luz de la luna creo que fue lo mejor de ese día.

El martes a las 23 -hora de Dakar- salimos para Fiambalá. Al menos eso me dijeron los colegas. Después de cenar, me fui para el micro. Eran como las 22. Me quedé dormido enseguida. Me desperté en este bello lugar catamarqueño, unas diez horas después.

El regreso al país lo hicimos atravesando el Paso San Francisco, que está a unos 4.700 metros sobre el nivel del mar. Nos habían alertado que por la falta de oxigeno a esa altura nos iba a doler la cabeza y que lo mejor era estar bien hidratados. A mi no me pasó nada. Será porque mi organismo está tan cansado de esta experiencia que ni se molestó en que le afectara la altitud.

Estar nuevamente en la Argentina es como un alivio. Uno ya sabe que queda poco. Como se anuló la etapa de Copiapó-Fiambalá, la jornada fue tranquila (salvo por ese viento caliente que sopló durante todo el día). Sin tantas corridas como los días anteriores. Mañana estaremos en La Rioja, pasado en Córdoba y el sábado en Buenos Aires. Como hoy le dijo mi hijo Tomás a su mamá: “no faltan semanas, ahora sólo faltan días para que papá esté en casa de nuevo”.

2 comentarios:

Adrian dijo...

Vamos que queda poco!!!!


PD. espero que puedan corren en Córdoba

fluence dijo...

Excelente cobertura, Diego.
Es emocionante todo lo que contàs y la forma en que lo hacès, clara y sencilla.Me dan ganas de estar ahí.