Dakar 2010 en Twitter

El Dakar a través de una Kodak Zx1

Loading...

Así vivimos en el bivouac

El Dakar es una sociedad. Así como suena. Porque tiene sus costumbres, sus tradiciones. Y si estás en la caravana por primera vez, tenés que aprender sus leyes, entenderlas y respetarlas. Aquellos que no consigan adaptarse a ellas, ya saben lo que tienen que hacer: irse como puedan.

Los horarios se respetan a rajatabla, salvo casos de fuerza mayor. Si informan que el micro sale 7.19, más vale no atrasarse. Todo lo que uno tiene que saber sobre cómo manejarse dentro del campamento está en una minuciosa guía donde se encuentra toda la información que se necesita saber de cada etapa, desde la hora en la que comienzan los especiales, hasta la ubicación de los baños en los campamentos.

Salvo en San Rafael y en la Escuela Naval de Valparaíso, donde se realizó el día de descanso, en el resto de los bivouac siempre se usaron baños y duchas químicas. Si se tiene en cuenta que en cada uno hay 2.200 personas, es fácil suponer lo que sucede a mitad del día por más empeño que pongan las personas que tienen a cargo su mantenimiento. Después de unos días en este ámbito, uno sabe que lo mejor es usarlos a la mañana cuando no hay tantas personas.

Hay dos tipos de duchas: unas colocadas en un containers y que están separadas por manparas y otras individuales, usadas mayoritariamente del lado chileno. En la zona de los baños también hay entre seis y diez lavamanos. En Argentina, están unidos a una enorme estructura con un tanque de agua en la parte superior. Cada uno también está provisto con un espejo que facilita la tarea de afeitarse. En Chile son individuales.

Las mujeres, que son menoría en los campamentos, tienen pocos privilegios. Salvo durante la estadía en Valparaíso, aquellas que se le animaron a la ducha muchas veces las tuvieron que compartir con los hombres. Y eso acá no llama para nada la atención.

La noche también es un tema. Todos tienen carpas y bolsas de dormir. Pero con el correr de los días, se trata de usarlas lo menos posible porque resulta tedioso tener que armarlas y desarmarlas en pocas horas. Para salir del paso, se trata de buscar refugio en algún ómnibus. Y si eso no se puede, se usa el Plan B: dormir en el restaurante.

Los únicos momentos de tranquilidad son el almuerzo y la cena (el desayuno se disfruta poco porque se trata de estirar el sueño lo más posible). En todos los lugares se monta un amplio restaurante que tiene trabajando a 60 personas para el servicio y a 20 cocineros. Por día se consumen unas 1,5 toneladas de comida y 12.000 botellas de agua de medio litro. Todo el catering es transportado en 10 camiones especiales.

Después de una semana, el cuerpo y la mente piden a gritos volver a la vida normal. Lo bueno es que la cuenta regresiva ya comenzó, aunque es probable que cuando esta experiencia se termine uno ya esté planeado estar en el próximo Dakar.

3 comentarios:

Adrian dijo...

Excelente!!!!!
Como me gustaría estar ahí!!!!
Vamos Diego, te esperamos en Buenos Aires.

k@beza dijo...

Buenisimo el post !!

Jose Maria dijo...

faaaaaacha el tipo!!!!!
Grande Diego!!!!!