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El Dakar a través de una Kodak Zx1

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Desde la butaca derecha

Uno de los atractivos que tiene el Dakar es que los participantes no conocen la ruta por la que transitarán hasta la noche anterior a largar cada etapa. Es en ese momento cuando la organización les entrega el road book con la preciada información. Ni bien la tienen en sus manos, los navegantes –y los motociclistas– comienzan a trabajar sobre esos datos.

Generalmente, el lugar elegido para repasar esa hoja de ruta es el restaurante del campamento. Es allí donde se lo suele ver al cordobés Rubén García, que acompaña al chileno Eliseo Salazar, leyendo y marcando su road book.

“Esto te demora un par de horas. A eso de las 22 la organización nos da el libro de ruta de la etapa siguiente. Generalmente, viene acompañado con anexos con modificaciones que fueron realizadas por personas que pasaron por ese lugar un par de días antes. Todas esos datos se pasan al road book y luego se marcan con resaltador los cruces, las cortadas y el rumbo que hay que seguir para llegar al punto de GPS”, afirma García, habitual navegante de Marcos Ligato en el Rally Argentino.

Pero además de leer el road book, García tiene que estar en atento a la navegación: “Cada prueba especial tiene unos 20 pasos de GPS y tenés que pasar cerca para activarlos. Si los evitas, te dan varias horas de penalización y si no haces varios, te pueden excluir como le pasó a Nasser Al-Attiyah”.

“La diferencia con el Rally es que tenemos la posibilidad de conocer el camino. Podemos pasar dos veces y a partir de eso hacemos nuestra propia hoja de ruta. Acá el camino lo vamos descubriendo a medida que vamos andando. Por eso lo más importante es saber interpretarlo para saber qué zona está más rota o por dónde es mejor pasar para no encajarse”,
agrega.

Otra de las cosas que también le impacta a García es la extensión de las etapas. “Si no tenés problemas mecánicos y podés llegar temprano al campamento, se hace más fácil. En nuestro caso, hubo un par de etapas donde llegamos muy tarde y dormimos pocas horas. Ahí se hizo cansador. Cuando te pasa eso y ves que al día siguiente tenés que hacer 500 kilómetros, no querés largar…”, asegura con algo de humor.

Lógicamente, también es importante la convivencia entre el piloto y el navegante. “Pasamos muchas horas dentro del habitáculo y tener una buena relación se hace indispensable. Esa es una de las cosas que recomienda la organización porque a medida que van pasando los días va cambiando el humor de la gente. Aunque es una carrera dura, hay que tratar de estar tranquilo”.

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