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El Dakar a través de una Kodak Zx1

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Si un Dakar no es duro, no es el Dakar

“Será la etapa más dura”. Esa era la opinión que tenían todos los competidores de la décima jornada de la competencia. Empezaba y terminaba en Copiapó atravesando el árido desierto de Atacama. Como en algunos tramos del recorrido la arena estaba demasiado blanda (algo que comprobaron los organizadores un par de días antes) decidieron acortar la extensión de la prueba especial: de 670 kilómetros pasó a 473. Pero la reducción no le restó peligro.

El helipuerto del campamento de Copiapó tuvo mucho movimiento. Desde temprano los helicópteros médicos fueron y vinieron trayendo a participantes heridos. El más grave fue el español Cristóbal Guerrero (48), quien tuvo una caída en un río seco lleno de piedras. Llevó al bivuac en coma y de ahí fue trasladado al Hospital de Copiapó. “El paciente está comprometido y con riesgo vital”, informó un comunicado de prensa emitido por la organización a las 19.20.

Tan dura fue esta etapa que hasta el local Francisco “Chaleco” López sufrió con su dureza. Se desmayó en medio de la etapa (lo despertó el noruego Pal Anders Ullevalseter) y llegó como pudo al último control. De ahí Terminó la etapa después de desmayarse ni bien pasó el último control, se desmayó.

El mendocino Orly Terranova, del equipo Personal X-Raid Team, también vivió en carne propia esta etapa extrema. Un error de navegación lo llevó a la cima de una duna, donde se encontró con un motociclista que se había perdido. Por esquivarlo, se cayó desde una altura de cuatro metros y rompió la jaula de su auto, algo que determinó su abandono. Ni el ni su navegante sufrieron lesiones. Al momento del incidente, el cuyano venía liderando la etapa.

“Un Dakar si no es duro, no es Dakar”, dijo hace poco Andreas Schulz, un alemán de cincuenta y pico que ahora está trabajando como jefe de mecánicos en Mitsubishi y que corrió una decena de veces esta prueba como navegante logrando la victoria con Jutha Kleinschmidt en 2002.

“Lo hicieron así para que no sea una carrera más. Tenían que demostrar que este Dakar es un verdadero desafío”, aseguró un allegado a un equipo oficial. Sin embargo, en el ambiente está flotando que en pos de conseguir ese objetivo a la gente de ASO se le fue un poco la mano. Aunque también hay dos verdades indiscutibles: que nadie obliga a los pilotos a correrlo y que un Dakar, sino es duro, no es un Dakar.

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